martes, 24 de septiembre de 2013

Mitologías contra el libre mercado (Construcciones míticas de la "crisis" II)


Dado que la realidad de la crisis está bien establecida en la conciencia española, no es extraño que hayan proliferado los relatos que han pretendido brindar una explicación de su origen, un balance de ganadores y perdedores, y un necesario escenario posterior a la caída. Hemos agrupado dichas explicaciones en tres grandes macrorrelatos que ocuparán las tres próximas entradas.

Una de las explicaciones míticas de las causas y consecuencias de la crisis la encontraremos entre aquellos grupos de pensadores y analistas que, en la academia, en los medios de comunicación, en la acción política y en el activismo social informal muestran su animadversión hacia el libre mercado. Aunque el hálito crítico que alienta en muchos de estos trabajos es muy intuitivo, aquí vamos a tratar de identificar algunas de las líneas argumentales más características de este tipo de relatos para tratar de desmontarlas. Por supuesto, aceptaremos cuanto de verdadero –y no meramente verosímil- hay en estas reconstrucciones, si bien nuestro objetivo es incidir en sus rasgos más mistificadores del fenómeno que analizan.

           
1.1. La crisis se produjo por la desregulación financiera y la codicia de los grandes capitalistas americanos: los tiburones de Wall Street

Situar el origen de la crisis española en la crisis norteamericana es una explicación que margina y exime de cualquier peculiaridad específica a nuestro país, lo que deja por tanto sin aclarar la virulencia del declive del pulso económico sufrido en nuestras carnes. Spain is different, y volveremos sobre ello.

Pero, al margen de esto, este relato obvia otros dos factores. Por un lado, la crisis norteamericana, y sus secuelas europeas, tienen efectivamente en buena medida su origen en la desregulación y en la irresponsabilidad de las entidades financieras que negociaron grandes sumas en productos altamente arriesgados, que ahora denominamos tóxicos, pero también en la laxitud de los organismos de supervisión y en el escaso interés de los políticos por atajar el problema. Especialmente, la falta de regulación y supervisión eficiente de la banca en la sombra, así como la supresión de la ley Glass-Steagall que separaba la banca de inversión y minorista en Estados Unidos, fueron factores que concurrieron en el crash subprime. Sin embargo, también lo fue la creación de una regulación que facilitó el acceso a hipotecas a las familias más humildes y que disparó las deudas de éstas y el precio de las viviendas. En concreto, el congreso controlado por los demócratas y bajo la presidencia de Bush Sr. legisló en 1992 para que Fannie Mae y Freddie Mac avalaran las hipotecas de los menos pudientes, mientras que en 1999 Bill Clinton redobló los recursos destinados a este segmento, junto a la presión para aumentar los objetivos de concesión de hipotecas. Con el resultado de que, si en 1992 el objetivo subprime era del 30% de la cartera, en 1999 era del 55% y en 2007 ya llegaba al 70%. Facilitar el acceso a la vivienda en propiedad no solo parecía un suculento negocio, sino un gesto favorable hacia los desfavorecidos y políticamente rentable.

Y, por otro lado, la legendaria codicia de los tiburones de Wall Street hizo que el crédito permaneciera estable en torno a un 200% del PIB desde 2003 a 2012: el crecimiento del crédito no fue mayor que el de la economía. Mientras, en España fue la banca liderada por las cajas de ahorro (entidades sin ánimo de lucro y con fines sociales) quien batió todos los records, con crecimientos del crédito superiores al 20% anual. Así, la euforia crediticia pasó de un 125% del PIB en 2003 a más de un 200% en 2012, superando incluso a los Estados Unidos en el cénit de la locura financiera de final de la pasada década. Desde luego en España si hubo una desregulación que afectó al mercado fue aquella que permitió que las cajas de ahorro salieran de su área geográfica[1].

Gráfico de endeudamiento bancario doméstico. Fuente: Banco Mundial)



1.2. O bien, en el origen encontramos un hecho fundacional, sintomático y a la vez detonante de todo lo que vendría después: la caída de Lehman Brothers
Nadie puede negar el enorme efecto que la caída de Lehman causó en la extraviada conciencia de Occidente, pero lo cierto es que en nuestro país el shock de financiación hubiera llegado con o sin esta ruidosa katábasis. De hecho, el tamaño del agujero de las cajas de ahorro sobre el PIB es mayor que el descubierto de la banca americana. Y lejos quedan hoy artículos como aquel del exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez[2], donde mantenía que el ritmo de crecimiento del crédito en España era insostenible y advertía de que, cuando se frenara, lo haría a su vez la droga de la demanda interna, de manera que la viabilidad de los endeudados se vería en una situación precaria. Parece que solo en el momento en que se han colapsado las venas financieras del país ha comenzado a pulular en los foros la expresión tan en boga de “deuda odiosa”.

1.3. O también, la crisis es el resultado de la guerra que el mercado ha desencadenado contra los Estados[3]

La crisis global es en buena medida resultado, como se decía, de una política negligente y de un mercado desbocado. De una “exuberancia irracional”, como reconocería el propio Greenspan. Sin embargo, los mercados no son fuerzas abstractas ni entidades descarnadas.[4] De hecho, en Europa nadie tiene más peso en los mercados que el Estado: los bancos centrales son mecanismos públicos y en muchos casos también lo son los fondos de pensiones y los fondos soberanos. No cabe distinguir a los mercados del Estado, y para hacerse una idea del grado en que los Estados son los principales gestores del capital piénsese que el fondo de rescate que EEUU creó de un día para otro era el doble del tamaño (700 billones –anglosajones- de dólares) que la mayor empresa del mundo en ese momento (Exxon). Y más modestamente, el fondo de reserva de pensiones español (antes de empezar a ser laminado) alcanzó los 65.000 millones de euros, cifra a la que no alcanza el patrimonio del hombre más rico del mundo. Si lo que queremos decir es que unos Estados restringen la discrecionalidad del gasto de otros Estados, limitando así también su soberanía, deberíamos formularlo correctamente. Pero, como veremos en la mitología de la dominación alemana, tampoco esto es rigurosamente cierto.


 1.4. O de la que el FMI y Alemania han sostenido contra el Sur de Europa

Para desmontar esta mistificación conviene recordar algunos hechos muy elementales pero que suelen pasar desapercibidos. Así, hemos de convenir en que el FMI no puede presumir de tener un pasado muy exitoso. El terrible incremento de deuda latinoamericana en los 80 generada por gobiernos militares y/o populistas llevó a esos países a una situación muy compleja e injusta, pero las políticas de ajuste del FMI agravaron los problemas sociales. No obstante, antes de sin más identificar al FMI con esos hombres de negro que vienen a sangrar el país, es preciso aclarar cuál es la naturaleza del organismo, quién lo financia y qué objetivos se propone.

El FMI es un consorcio interestatal que limita en caso de riesgo de insolvencia soberana el daño a los países acreedores, y además proporciona préstamos a los países deudores cuando éstos ya no tienen dónde acudir para financiarse. No se dirige a los países díscolos para imponer sus recetas, sino que a él se apela cuando ya no queda otro remedio. Una vez que se ha recurrido a sus servicios, su objetivo prioritario es buscar el mayor recobro posible de la deuda. En este sentido, es cierto que el FMI hace recomendaciones, pero no son vinculantes mientras no haya un préstamo del organismo. Se creó en Bretton Woods y constituye una herramienta típicamente keynesiana. Está dirigida por personas relevantes de diferente pelaje ideológico, también socialistas como Strauss Khan, por más que la revolución neoconservadora haya influido en la filosofía del organismo en las pasadas décadas.

Culpar al FMI de la mala situación de las sociedades en los Estados que han requerido su asistencia vendría a ser como culpar a los galenos de las unidades de cuidados intensivos de que los pacientes de su sección tengan una salud más frágil que los que ocupan otras plantas del hospital.[5]

En cuanto al plan de Alemania y Merkel para colonizar el sur de Europa: a pesar de la enorme y evidente presión alemana, y en especial por parte de los socios de gobierno de Merkel y de organismos como IFO, para imponer una política de austeridad presupuestaria en la Eurozona, lo cierto es que todas las decisiones del Eurogrupo han sido tomadas por unanimidad y han tenido como denominador común la falta de liderazgo en la construcción europea, la dilación a la hora de asumir pérdidas y el traslado de las pérdidas a vehículos financieros (MEFF, MEDE, y cartera de colaterales del BCE) cuya estructura imposibilita determinar en estos momentos quién y cuánto se ha perdido en las operaciones. No será hasta dentro de muchos años, cuando se liquiden estos vehículos, cuando podamos hacer balance de cuánto ha perdido cada Estado o entidad –suponiendo que alguna vez se pueda-. Y entre tanto, podemos estar seguros de que Alemania no lo tendrá fácil para esquivar las pérdidas, por más que hasta ahora no se las haya anotado.

Si se ha involucrado al FMI en los rescates europeos ha sido por dos razones: por un lado, por la previsible insuficiencia de la Eurozona para rescatarse a sí misma; y por otro, por el deseo de atar la voluntad de los rescatadores sumando los intereses de terceros (los contribuyentes del FMI). Mediante este expediente se ha pretendido contener la hemorragia que los rescates suponen para los acreedores: tanto en el tiempo, evitando que se vuelva un mecanismo recurrente, como en tamaño, limitando su importe.

Es cierto que con cada paquete de rescate/préstamo se han establecido contrapartidas en forma de cuotas de dolor[6] (recorte de pensiones, despido de funcionarios o congelación de contrataciones, subida de impuestos…), y desde luego el lenguaje con que se envuelven las medidas está plagado de metáforas punitivas, redentoras o sacrificiales. Pero también es cierto que las medidas acometidas por los “fanáticos del dolor” han pretendido mantener cada statu quo nacional[7]. Como no es menos verdad que han sido los gobernantes nacionales los que han elegido la forma de aplicarse el castigo: en España, por ejemplo, se ha preferido aplicar los impopulares recortes a la sanidad y educación en lugar de a una racionalización del gasto político y de la administración. El margen de discrecionalidad nacional con que cuentan los gobernantes de cada nación a la hora de establecer las reformas debería modular la crítica tan habitual sobre la situación de enorme fragilidad en que se encuentra nuestra soberanía nacional, es decir, el Estado, y dirigirla también sobre el modo en que cada Estado gestiona su propia soberanía, o la parte de ella que le corresponde. Es verdad que no son pocos los tratados que se han firmado en el marco comunitario (Maastricht, 1993; Pacto de Estabilidad, 1997; Ámsterdam, 1999; Niza, 2003; Lisboa, 2009), o las decisiones que en el contexto de la soberanía nacional, como el famoso autogolpe que se dio Zapatero en mayo de 2010 o las distintas oleadas de transferencias de competencias a las Comunidades Autónomas, que han tenido un efecto limitador sobre la soberanía del Estado-nación. Pero si de este modo ciertos Estados han cercenado su propia soberanía, lo han hecho de manera soberana. Solamente si rechazamos el Estado de derecho podemos desandar inmediatamente el camino. Lo que no significa que no podamos, mediante nuestro uso público de la razón, criticar estas decisiones y, por supuesto, revertirlas: las vías existen, pero transitarlas es lento y costoso y, en algunos casos –no en todos- probablemente no deseemos emprender esa marcha.

1.5. La tesis conspiratoria: la crisis es un dispositivo establecido por sus beneficiarios, es decir, los ricos, o Alemania

Esta explicación se funda en un hecho bien establecido, y es que la dinámica del capitalismo genera desigualdades en los ciclos alcistas y también en las recesiones. Pero no es cierto que se gane más cuando la mayoría pierde. El hecho es que no se gana más cuando la población no consigue trabajo o deja de consumir.[8]

Y por más que pague más barata su deuda, Alemania tampoco es la gran beneficiaria de esta situación. La falta de crecimiento y la reducción de las exportaciones, sumados al menor rendimiento que se obtiene de la deuda que han contraído los países y entidades “morosos” o beneficiarios de préstamos subvencionados, tienen un efecto más negativo sobre los acreedores que financiarse con deuda más barata. Cierto es que, tras el fin de la burbuja del crédito fácil, la construcción europea está tomando como patrón la unificación alemana, pero debemos pensar hasta qué punto no nos hemos formado una idea de Alemania demasiado cercana a la antigua RFA, y qué probabilidades existen de que la actual Alemania unificada trate a los socios en dificultades con más prodigalidad de la que se otorgó a sí misma a la hora de integrar a la mísera RDA.





[1] El proceso de expansión territorial y comercial de las cajas comenzó en una fecha lejana a la “crisis” (1985, LORCA) y se disparó cuando, al liberalizarse las retribuciones a mediados de los 90, dichas entidades quedaron en manos de políticos y sindicalistas, como describe con precisión Gemma Martínez en su libro Saqueo (Conecta, 2013).
[2] “El legado de Rato”, El País, 11/9/2003. Este artículo rompe con uno de los mitos más contumaces, a saber: que nadie vio venir el tsunami (o, como decía C. Lagarde, que veíamos aproximarse el tsunami y solo pensábamos en qué bañador ponernos).
[3] Las agencias de calificación han perdido como chivo expiatorio pese a que al inicia de la “crisis” eran los enemigos públicos más populares. Sobre lo irrelevante y superfluo de su tarea véase “Imperialistas, agencias de calificación, comunismo internacional y juedomasones” (economiaypolitica.es, Marzo de 2011).
[4] Gueuens, G., 2012. “Los mercados tienen nombres y apellidos”, El atlas financiero. La estafa del siglo, Madrid: Fundación Mondiplo/UNED/Le monde diplomatique
[5] No quisiéramos, en todo caso, que de esta analogía se infiera que olvidamos que en muchas ocasiones los cirujanos han sido poco cuidadosos con sus pacientes.
[6] Sobre la “economía vudú” y la construcción europea véase González, A. (2012). “Refundación o ruptura del Euro” publicado en Actibva Magazine: http://elblogdelaeconomia.blogspot.com.es/2012/04/refundacion-o-ruptura-del-euro.html (9/9/2013)
[7] Y tanto que se mantuvo: Grecia no acometió las privatizaciones en tiempo y forma, España no liquidó las cajas de ahorro inviables, Irlanda no aumento el impuesto de sociedades, la banca alemana no se anotó pérdidas… “Fanáticos del dolor” es como bautizó Krugman a los partidarios de las políticas de reducción del déficit.
[8] Por ejemplo, el 8 de Noviembre de 2007 el IBEX marcó su máximo histórico, con 15.945 puntos, mientras que en los últimos tres años, seis después de aquel pico, se mueve entre los 6.000 y los 9.000 puntos, por lo que el valor de su patrimonio se ha reducido a la mitad.

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