miércoles, 25 de septiembre de 2013

Mitologías minarquistas, o contra la intervención del Estado (Construcciones míticas de la crisis III)


En esta entrega recopilamos muy sucintamente las explicaciones del fenómeno de la crisis que se basan en un prejuicio contrario a cualquier forma de intervención pública.
  
En el extremo opuesto del espectro ideológico a las construcciones míticas que sacralizan, por así decir, al Estado y demonizan al capitalismo, se encuentran las explicaciones minarquistas o anarcocapitalistas. Su articulación teórica está desprovista de una compleja sofisticación y, por eso, nos permitimos realizar un recorrido somero. Muchas veces estos partidarios del minimal state son rotulados bajo la denominación neoliberales y confundidos con los partidarios de las políticas monetaristas, pero en esta entrega nos centraremos en los primeros. Para evitar semejante confusión, prescindimos del equívoco rótulo “neoliberal”. A cambio, tampoco concederemos a los austriacos que todos, excepto ellos, sean socialistas.

2.1. La crisis económica internacional y europea se debe a la intervención del Estado mediante los bancos centrales, el abandono del patrón oro y su sustitución por el dinero fiduiciario. Estas crisis bancarias, seguidas de rescates masivos, son formas de intervencionismo que destruyen la economía
El crash financiero de 2008 puso de moda en España a la escuela austriaca, pero ya antes los peligros del monetarismo venían siendo profetizados, entre otros por Huerta de Soto en su libro Dinero, crédito bancario y ciclos económicos (1998).[1] Así, el colapso por hiperinflación a que estaba abocado un mundo financiarizado y con la débil base del papel moneda era la crónica de una muerte anunciada, y eso a pesar de que si alguna escuela de pensamiento conoce la capacidad de mutación del capitalismo y el efecto de los ciclos es precisamente la escuela austriaca. El argumento, pues, es tan atemporal como el más estilizado de los relatos marxistas previamente mencionados: un mecanismo que se repite en cualquier momento y que, por tanto, se puede permitir ignorar cualquier hecho histórico particular, porque los explica todos.

Pero la historia cuenta y, lamentablemente, ni el patrón oro ni la marginalidad o inexistencia de los bancos centrales hicieron que las recesiones se resolvieran de manera más rápida o eficaz en el pasado. De hecho, y dejando obviamente al margen la crisis de 1929 y de 2008, antes de Bretton Woods o del abandono definitivo del patrón oro por parte de Nixon las recesiones eran más largas (por lo general entre 18 meses y seis años) y las contracciones económicas más profundas (con caídas de entre el 5,9% y el 34,3%)[2].



Hemos de admitir que la destrucción creativa es un elemento necesario para el funcionamiento del libre mercado, pero la ausencia o inacción del Estado no garantiza que este proceso se dé mejor ni más rápido. Es cierto que una política masiva de rescates que salve al establishment alarga, difiere e incrementa el tamaño de los problemas, como estamos viendo en Europa o como mostraron las décadas perdidas de Japón. Pero la alternativa de dejar que todo siga su curso no es necesariamente menos lesiva, como se aprecia si se tiene en cuenta el pasado.[3] Además, ejemplos como la reestructuración del sistema financiero sueco, con una intervención agresiva, rápida y eficaz del Estado, muestran que la intervención pública puede ser un elemento positivo.

2.2. El Estado de bienestar siempre ha sido nocivo, pero ahora es aún más inviable ya que supone un incentivo perverso para la actividad económica[4]
La fe en que los agentes privados harán las cosas siempre de un modo más eficiente que los públicos, o que la ausencia de ánimo de lucro destruye la eficiencia y, con ella, la prosperidad, son axiomas que no soportan el contraste con la realidad. El dogma metafísico que subyace a este modelo es la praxeología, es decir, un paradigma de racionalidad perfecta y maximizadora centrada en el individuo, de quien se espera que aprenda a partir de sus propias decisiones o si no lo hace el orden espontáneo le ponga en su lugar.
Sin embargo, existen numerosos contraejemplos que muestran que ni la titularidad privada tiene por qué ser más eficiente, ni la titularidad pública ofrecer mejores condiciones sociales. Así, la elevada eficiencia del sistema sanitario público español, el alto coste del sistema ferroviario privado británico, las precarias condiciones laborales en los sistemas productivos altamente intervenidos como los de Argentina, Venezuela o Cuba, el pobre rendimiento de los fondos de pensiones privados o la envidiable solvencia y eficiencia de las viejas cajas de ahorro antes de que superaran en agresividad a Lehman Brothers son contraejemplos que nos impiden determinar a priori si la titularidad pública o privada es más eficiente o tiene mayores rendimientos sociales.
            2.3. ...además de una coacción intolerable a los ciudadanos
Los defensores del anarcocapitalismo son partidarios de un Estado mínimo, de tal manera que no exista ningún Politburó que reprima a los sujetos. Ese paraíso terrenal habría desterrado a los burócratas y divinizado, por fin, al individuo. Sin embargo, los individuos humanos somos también animales sociales, de tal manera que las economías de escala son preferibles, incluso en los mismos términos de eficiencia que seducen a estos teóricos, y la cooperación y la cohesión social reportan mayores beneficios para cada uno –y no solo para la colectividad-. Por otra parte, incluso la mejor destilada sociedad anarcocapitalista de probeta generaría posos de poder, ya sean relaciones tácitas o expresas, y no hay por qué suponer que la acumulación de fuerza de que gozan los miembros del comité central de una democracia popular no se reproduzca de manera espontánea en la aristocracia propietaria del mundo sin Estados. Solo quien ya supiera de antemano qué destino le aguarda en cada uno de esos mundos estaría dispuesto (o no) a aceptar el reparto.



[1] Huerta de Soto, J., 1998. Dinero, crédito bancario y ciclos económicos, Madrid: Unión editorial. Véase también la revisión que Huerta de Soto hace de su propia postura en “Crisis financiera y recesión económica” (2009) en http://libertadcarajo.files.wordpress.com/2010/10/huerta-de-soto-crisis-financiera-y-recesion-economica.pdf (8/9/2013).
[2] Para más detalle consúltese la base de datos de www.NBER.org
[3] En esta serie de artículos negamos la validez del pasado para pronosticar de manera determinista los resultados de acciones similares en el futuro. El argumento utilizado cae en esta contradicción, y es justo reconocerlo.
[4] Véase Schwartz P., 2013. “The Welfare State as an Underlying Cause of Spain’s Debt Crisis”, Cato Journal, Vol. 33, No. 2 (Spring/Summer 2013).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Se ha producido un error en este gadget.