miércoles, 26 de marzo de 2014

La tercera España, sin miedo y sin ira

Con ocasión del dilatado fallecimiento de Suárez se ha recalentado al microondas el espíritu de la Transición y de lo que fue su plasmación o su encarnación jurídica: la Constitución del 78. Fue su encarnación precisamente porque, en la memoria colectiva, la obra personifica a la figura de su muñidor. No obstante, con el paso del tiempo, la valoración del artífice y su obra se han movido en direcciones antagónicas, como si fuesen dos niños jugando en un balancín.

Así, la hora más baja del por aquel entonces desacreditado expresidente coincidió con el momento en que más valor alcanzaba el consenso constitucional, al que el pueblo español se abrazó con todo su entusiasmo tras el 23-F. Pero el tiempo y la acumulación de problemas no resueltos en aquel pacto* se empieza a identificar como el pecado original de nuestras instituciones y no como un pasaporte temporal e imprescindible al mundo occidental.

Por su parte, aquel abandonado chisgarabís es hoy sin duda un canonizado Della Rovere. El trepa de la Falange, aquel tipo inculto que salió de las cloacas del franquismo (para disolverlo desde dentro), es con todo merecimiento uno de nuestros héroes nacionales, y así debemos reconocerlo todos.

En su momento, Carrillo y Suárez supieron traicionar a los suyos en beneficio de todos y en perjuicio de un detallado ajuste de saldos o, aún peor, de ulteriores oportunidades de cambiar el anterior tanteo en el enfrentamiento de las dos Españas. Los hechos no han variado: con el paso del tiempo, son la perspectiva y las expectativas de los agentes lo que ha cambiado.

Una Constitución no debe reformarse en cada generación con el peregrino argumento de que no ha sido votada por los contemporáneos. No en vano, el marco constitucional se dota de sus propios mecanismos para protegerse de la intemperancia de los votantes. Sin embargo, casi todos podemos coincidir en que la Constitución de 1978 se hizo de manera urgente, improvisada, y con un horizonte de provisionalidad propio de la enorme presión del momento: del aparato franquista, de su ejército y fuerzas de seguridad, de los terrorismos, así como de la crisis económica, la Iglesia y la vigencia del socialismo real como alternativa viable.

Entonces, el establishment y los outsiders pactaron (aunque hoy algunos sectores de la izquierda más radical traten de reescribir sin pudor la Historia y deshacer aquel pacto) y en apenas diez años España pasó de ser un país nacional-folclórico-católico a ser un Estado pujante en la construcción de la Comunidad Europea, con las bases de un Estado de bienestar moderno e integrado en la OTAN, situándonos de este modo en un tiempo record en el club de las sociedades más avanzadas.

Se debe pues reconocer que los cambios de la Transición fueron profundos, acertados y vertiginosos. Sin embargo, el éxito de la Transición y después del PSOE, y lo que es peor los cambios introducidos en la década de los 90 por los diferentes Gobiernos sostenidos por el nacionalismo, tuvieron contrapartidas muy negativas. De hecho, a pesar de su destino perentorio, el pacto cristalizó, y lo hizo con algunos de sus peores vicios:

-La Ley de Amnistía, cuyo ponente –no lo olvidemos- fue una víctima histórica de la represión franquista, constituyó un instrumento esencial para posibilitar el paso “de la legalidad a la legalidad”. Sin embargo, el dolor de las víctimas del franquismo no fue suficientemente reconocido.

-El proceso de descentralización careció de cualquier plan sensato de racionalización o reducción de duplicidades, y aceleró su ritmo cada vez que las necesidades parlamentarias del momento, ya fueran del PSOE o del PP, lo requirieron, sin atenderse a ningún proyecto político para el conjunto de los españoles.

-El mercado de trabajo mantuvo (y mantiene) inercias del proteccionismo franquista que conviven con el apartheid laboral más neocon para los outsiders, de modo que desde hace décadas la precariedad se ceba con más frecuencia e intensidad en los jóvenes, eventuales y mayores que quedan fuera del mercado laboral.

-Y sobre todo: el fortalecimiento de los partidos políticos, destinado a ser provisional para sortear los riesgos de desestabilización, se ha solidificado en un bloque vertical e inquebrantable. La consolidación institucional de la partitocracia que, blindada por la ley electoral y por su falta de democracia interna, es impune por su control de la Justicia, cara y extractiva por su captura de las cajas de ahorro, empresas concesionarias y reguladores, convive en armonía con una patronal y unos sindicatos perfectamente engranados, y se nutre de la caja de resonancia que le brindan los medios de comunicación públicos y concertados.

De modo que un nuevo establishment se cobra un gasto político que excede al que aparece en la contabilidad nacional y que pudre el funcionamiento del conjunto de las instituciones.  

El estruendoso éxito hizo que nos acomodáramos sobre todo lo que era sólido y, cegados todavía por el brillo de la burbuja inmobiliaria, fiscal y partitocrática nuestra generación todavía no ha aportado lo que le corresponde.

En este sentido, decía Pablo Simón (@kanciller) en Twitter, al hilo de la Transición y de la defunción de Suárez, algo muy sencillo e incluso obvio pero, paradójicamente, del todo a contracorriente: “Los problemas que hoy tiene la democracia española son nuestra responsabilidad. Ellos ya hicieron su parte”. Pues sí: los errores del presente son un problema nuestro, no de los que doblaron aquel Cabo de Hornos.

Necesitamos** un proceso constituyente, como viene pidiendo entre otros UPyD, que afronte con altura de miras y amplio horizonte temporal las tareas que no se pudieron o no se quisieron abordar en el 78. Esto no significa revisar la Transición, sino rehacer el pacto en aquellos aspectos que hoy pueden resultarnos más satisfactorios. Significa hacernos cargo de nuestro propio presente, deshacernos de una culpable minoría de edad que nos mantiene sumidos en un descontento acomodaticio y autocomplaciente.

El reto es enorme, ya que aquellos rorros prematuros que fueron el PSOE y AP son hoy el rocoso establishment, y no quieren pactar pese a que son conscientes de que su modelo de Estado es inviable. Saben que ellos son ahora mismo el problema, y no la solución.

Con la Constitución de 1978 los ciudadanos nos hicimos soberanos, y es hora de que ejerzamos republicanamente nuestros deberes y derechos para ordenar, racionalizar y cerrar las competencias del modelo territorial, para retirar de las manos de los partidos el poder judicial y, con ambición, proponernos ser un país ejemplar en cuanto atañe a transparencia.

Un calendario previsible es que el futuro rey Felipe VI lidere este proceso, pero sería triste que, una vez más, para afrontar las reformas que España sin duda necesita, los españoles tuvieran que esperar a un hecho biológico, como si se tratase de un Estado patrimonial.

Aparentemente, hoy todavía somos minoría los que queremos ver en marcha la tercera España, o lo somos al menos los que nos proponemos ese objetivo emancipados de este bipartidismo: sin duda, hay votantes y afiliados de los grandes partidos que sí quieren esta tercera España, como vemos en cada oleada del CIS.

Pese al deseo de cambio predominante, parece un hecho que la mayoría aún no se siente incumbida por este proceso constituyente: se conforma o incluso prefiere evitar cualquier transformación de calado para no tener que afrontar los riesgos que conlleva.  

Otro grupo bastante ruidoso, pero minoritario, es el del anacronismo romántico,  los zombies que nuestro anómalo siglo XX**** mantiene aún con vida. .  palos quedarse a vivir en él.iento de nuestras instituciones aginarios.España como vemos en cada oleada del CIScomiendan las Éstos quieren una ruptura total hacia sus distintos planetas imaginarios: nacionalismo, comunismo y, en mucha menor cantidad pero con cierta influencia, el integrismo religioso.

En el escenario actual, de darse un cambio constitucional lo más plausible es que el PPSOE avance contumaz por la vía equivocada y atienda las presiones del nacionalismo catalán y vasco. Es decir, lo que más visos tiene de ocurrir es que sean un par de señores territoriales, y no los ciudadanos en su conjunto, los que decidan por el resto el modelo de convivencia del conjunto del país.

Hay una ingente tarea política por delante, pero lo cierto es que habrá cambio constitucional, y esta vez debemos acometerlo como ciudadanos emancipados.

No escurramos el bulto ni posterguemos lo imprescindible: en 1975 éramos una sociedad atrasada, amenazada y masacrada por la violencia del Estado, del terrorismo secesionista, anticapitalista y fascista. Y se hizo lo que se pudo, y fue bueno.

Esta España nuestra era un país con el hambre en la memoria y que, a pesar de aquel "otro milagro español"***, tenía un renta per cápita de 3.500 euros, y un tercio de esta renta lo generaba una industria subvencionada que era una ruina. Las fuerzas de seguridad eran franquistas y España carecía de un encaje adecuado en el ámbito internacional. Sí, había "sólo" un millón de parados, pero había más de dos millones de personas sin alfabetizar. No había una montaña ingente de deuda como ahora, pero la inflación rozaba el 17% y la moneda no era creíble.

Nuestra crisis es brutal, sí, pero justo por eso y porque aún somos un país rico (aunque decadente) y con una posición internacional privilegiada, no se puede postergar más la reforma constitucional pendiente. Nos corresponde a nosotros estar a la altura de nuestros padres y nuestros abuelos, y dejar atrás de una vez el S. XX. Por más que muchos nostálgicos quieran, a palos o anestesiados, quedarse a vivir en él.



* Pacto que incumbió a casi todos los agentes políticos de entonces, pero que se forjó fundamentalmente entre los extremos políticos que a su vez eran quienes tenían un mayor poder de amenaza: el franquismo y el PCE.

** Por supuesto, también cabe abordar las reformas de otro modo: parcheando y sin tocar la Constitución, de tal manera que se eviten las urnas para la convocatoria de una asamblea constituyente y la aprobación del texto en referéndum. Pero el sistema institucional necesita una reforma que justifica los costes del proceso.

*** Desde el plan de estabilización de 1959 hasta entrados los 70 España, cuando los españoles (emigrantes) se abrieron al mundo y hubo un gran crecimiento económico tras décadas de miseria y hambre. Para el "otro trapacero ""milagro"" español seguir este link"

**** El enésimo resurgimiento del Frente Nacional o la Liga Norte, o la aparición de Syriza y Amanecer Dorado, entre otros, nos hace ver que además de nuestra historia particular también hay en este momento una ola internacional de visceralismo impolítico.









8 comentarios:

  1. Una gran entrada, como siempre. Sin embargo yo no quiero que Felipe VI lidere nada. No concedo legitimidad democrática por razones de nacimiento. Para mí es un personaje que nace de la misma provisionalidad que denuncias y que la única forma con la que puede contribuir, y sería mucho, es facilitando el paso a la República.

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    1. Que el futuro rey lidere este proceso es la posibilidad más viable quizá no necesariamente la más deseable desde un punto de vista teórico. La tercera España puede darse en la III república o en monarquía. El príncipe puede ser un gran jefe de Estado en este asunto creo que se puede conseguir un consenso más sencillo que en otros. Gracias Enrique

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  2. Me llamo José Antonio Ruiz-Aragón Muñoz soy militante de UPyD y en las próximas elecciones votaré a Vox.

    Aciertas en todo lo que dices sobre la malhadada transición y mientes y/o manipulas en todo lo que dices del régimen de Franco. ¿Franco?: El mejor gobernante que ha tenido España, junto con los reyes católicos. 1973: Economía

    La renta nacional es el 81 % de la media de la UE. Pero de una UE formada por Alemania, Francia, Bélgica, Holanda , GB y Luxemburgo. Es decir los países más ricos de la Europa de entonces (Ahora es del 65%, pero incluyendo Rumanía, Hungría, Polonia, Portugal, Chipre, Malta, Grecia, Eslovenia, Croacia....)

    España es el 8º exportador del mundo. Ahora el 33

    El sector industrial es el 40º del PIB. Ahora el 12% e incluyendo construcción (o lo q queda)

    El esfuerzo salarial medio para comprar una casa era de 7 años. De hecho, España en ese momento en el país con más porcentaje de propietarios de toda la OCDE después de USA. Ahora es de 20 años

    El esfuerzo salarial medio para comprarse un coche nuevo de gama media era de 8 meses. Ahora de 48

    Hay una tasa de paro q los economistas denominamos "paro natural". Incluye la gente q no quiere o no puede trabajar (enfermos, lisiados...). Esa tasa es del 2-3 %. En España el paro del año 1973 era el 0,8%

    La Ley de Fuero del Trabajo de 1938 crea por 1ª vez en España la sanidad gratuita y el sistema de pensiones. En España en 1973 si habías cotizado 6 meses en toda tu vida laboral tenías derecho a una pensión del 75 % de tu último salario. Si no tenías 6 meses (empleadas del hogar p.ej.) tenías derecho a una pensión asistencial. Desde 1981 a 1992 el sistema de capitalización de pensiones es ROBADO por la casta política. Más de 300.000 M de euros (¡de aquella época!). Desde entonces se convierte en un sistema piramidal, o sea, los q trabajan mantienen a los pensionistas. El Pacto de Toledo sólo es un pacto entre la casta criminal para ocultar a los españoles q la SS está quebrada

    Un autónomo pagaba en 1973 al AÑO lo equivalente a lo q hoy día paga un autónomo en Holanda: 53 euros al año

    No había IRPF excepto para unos pocos con renta muy alta y no existía IVA. El impuesto de carburantes era un 14% del precio. Ahora un 60% de lo q pagamos por el combustible son impuestos

    No había IBI, ni carruajes, ni basura...

    Había 765.000 funcionarios en el año 1.975 para 39 M de habitantes. Y sin ordenadores. Ahora mantenemos a 3,5 M de los cuales Montoro dijo el otro día q excepto 700.000 el resto son enchufados

    ¡Y EL ESTADO TENÍA SUPERÁVIT!. Por supuesto, no había deuda pública

    La Ley de Contrato de Trabajo de 1941 establecía q no t podían despedir si la empresa tenía beneficios. Y todos los contratos eran indefinidos. Pero vino nuestra maravillosa democracia y gracias a ella todo son contratos basura y las grandes corporaciones con cientos de millones de beneficios pueden hacer EREs cada 2 por 3 pagados con nuestro dinero

    España tenía la industria agroalimentaria más potente de Europa, y la flota pesquera más potente del mundo. Sin comentarios.... hasta el aceite de oliva es ya italiano

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  3. (SIGO) Las empresas públicas (Renfe, Telefónica, servicios de Aguas, eléctricas, Campsa...) eran rentables

    Y si pienso un poco sigo y sigo...

    Por cierto, Múgica en 1982 cambia el Código Penal y ya los políticos no responden de nada pq se elimina el Título 8º

    Y los sindicatos nos robaron el año pasado 7.000 M de euros para dar cursos inútiles... si es q los dan. No hay 3.000 M para subir las pensiones pero sí 23.000 M para q Cataluña y Valencia paguen sus bonos patrióticos, y 150.000 M para mantener los chiringuitos de políticos y sindicatos en las Cajas

    Tenemos el mayor porcentaje de Europa de niños en la misera después de Rumanía

    La Sanidad empeora cada vez más una listas de espera cada vez mayores.

    En educación según el informe PISA de la UE es peor q la de Azerbaiyán o Marruecos

    Éstos son sólo ejemplos ilustrativos q se m han ocurrido al escribir el mail. Si lo pienso o lo busco seguro q salen más

    ¿democracia?, ¿para qué, para poder votar?. Renuncio a ese derecho. Q nos invada Alemania o q clonen al Caudillo

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  5. Felipe IV sabe, como lo sabemos todos, que o se niega a reinar sin un referendum previo o estara siempre desligitimado. Efectivamente, ser "nieto" de Franco ya no vale.

    J.Antonio, es muy facil, si lo echa tanto de menos, Marruecos esta a 14 kms y de ahi puede ir a pie a donde quiera

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