miércoles, 9 de abril de 2014

El aumento del crédito y el bien común

El bien común, como el flechazo, la firmeza de las nalgas o incluso la felicidad, es algo idealizado, fugaz y, si es que tal cosa existe, tiene más que ver con la propia percepción que con el objeto en sí.

Como ocurre con la verdad, como con el bien en general o con la justicia, es más fácil señalar el otro lado: la mentira, el mal o la injusticia. El bien común está sujeto a matices y revisiones permanentes, y de muy pocas cosas podemos declarar sin dudas y de manera definitiva que contribuyen al bienestar de todos.

El buen funcionamiento de las instituciones, la meritocracia, la igualdad de oportunidades o la transparencia contribuyen a eso que llamamos el bien común, pero ni siquiera esos fines abstractos son buenos para todos o no lo son al mismo tiempo. Desde esta óptica escéptica, resulta muy chocante la aparente unanimidad con que se da por bueno que cualquier aumento del crédito o la bajada de su coste tiene efectos benéficos, para todos y en todo momento.

Cualquier bajada de los tipos de interés se recibía (y se recibe) como si el ángel de Dios anunciará que dentro de poco lloverá maná. Por contra, las subidas de tipos son vistas como obra de seres perversos cuyo único objetivo es perjudicar a las familias con estudiado sadismo y gélida crueldad.

El 4 enero de 2001, la FED comenzó a bajar los tipos de interés,  en concreto del 6,5% al 6%. Para entonces, la burbuja puntocom ya estaba hecha añicos y la Economía estaba todavía sumida en la desconcertada resaca por la quiebra del fondo LTCM.

Imagen 1: Portada de TIME 15/02/1999


























La hemeroteca recoge que en el momento de esa primera bajada de tipos  el NASDAQ subió en un día un 14,7%. Para entonces, el euro se cambiaba por 0,95 dólares y un barril de petróleo se vendía por 28 dólares. 

Imagen 2: Anuncios inmobiliarios ABC Febrero de 2001




Si miramos a España, ese mismo día se anunciaban duplex en Majadahonda (una localidad bien, a las afueras de Madrid) de cuatro dormitorios con garaje y piscina por poco más de 210.000 €. Lo que vino después ya es conocido por todos.




Cuando el 3 de julio de 2008, en una decisión discutida, el BCE elevó los tipos del 4% al 4,25%, el ABC destacaba en portada el daño que esa subida infligía a las familias (se sobreentiende que a todas las familias). Eran tiempos en que se necesitaban 1,59 dólares para adquirir un euro, el barril de petróleo cotizaba a 145 dólares y una vivienda de similares características a la de la Imagen 2 se anunciaba por unos 600.000 € (según el índice de idealista.com ). 

Imagen 3: Portada de ABC 4 Julio de 2008





























Sin embargo, lejos de compartir intereses, potenciales compradores y potenciales vendedores de viviendas, endeudados y ahorradores, o demandantes de nuevo crédito, jóvenes y mayores, rentistas y trabajadores proclives a la movilidad tienen intereses antagónicos. Y pese a que la naturaleza ficticia de esta imagen de homogeneidad de los fines entre los diferentes componentes de la sociedad es evidente, el relato del aumento del crédito como bien común sigue gozando de una estupenda salud. Aunque no es cierto, acaricia una verdad

Bajar los tipos fue una medida que permitió añadir gasolina a la actividad económica, y es una decisión más que comprensible desde un prisma político a corto plazo. Pero no podemos ignorar sus efectos a largo plazo: bajar los tipos incrementa la desigualdad, exprime el ahorro, sesga la inversión y el consumo y se destruye el valor del dinero en el tiempo. Es como firmar alegremente cheques contra el futuro. 

Todavía hoy, con los tipos al 0,25% en la Eurozona y tras seis años perdidos en España, hay quien cree que abaratar aún más el dinero puede ayudarnos a dar con la senda perdida en 2008. Tan grave o más que sufrir una burbuja es pretender quedarse a vivir cómodamente entre sus ruinas, y eludir la pregunta que habría que abordar en primer lugar: qué y a quién ha financiado ese dinero barato que tan poco retorno genera. O también: qué le ha ocurrido a España, y a su actividad productiva, para quedarse al margen de la dinámica internacional.

En un país en que, como nos recuerda Jorge San Miguel, todavía hay menores de 30 años que se manifiestan a favor del mantenimiento de un mercado de trabajo que lleva décadas marginándoles todo es posible: incluso que creamos unánimanente que el dinero barato no tiene costes y que es mejor dejarse llevar. Ya se sabe: nada puede sufrir que él no pueda solucionar.





Ps: En próximas entregas: aumento del presupuesto público y bien común. 



1 comentario:

  1. Una pregunta, no soy muy dado a economía y venía aqui buscando respuestas. Estoy pensando en solicitar un préstamo pequeño para salir de un apuro, sobre todo estaba preocupado por el tipo de interés a la hora de la devolución, aunque el sitio que he encontrado parece que no hay mucho problema. ¿tendré muchos problemas para devolver un préstamo a corto plazo?

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