sábado, 13 de febrero de 2016

Gobiernos de cambio, ruptura y nuevas transiciones.

La política en España sigue de moda.

Ni la corrupción, ni los fiascos fraudulentos de cielos asaltados y nuevas naciones, ni la retórica gastada y las malas formas han hecho que el público se aparte del circo todavía. La televisión política con sus formatos de debate rosa o propaganda de investigación sigue gozando de buena salud y en cada familia o grupo de amigos hay activistas políticos convencidos de que 'el momento es ahora'.

Lo cierto es que el cambio a las políticas de 2008 no promete demasiado, de aquellos tiempos son el coraje del secesionismo xenófobo para dar la cara de lo que siempre fue, la división sectaria y del odio de la sociedad y el desequilibrio de nuestras cuentas públicas y el descontrol financiero que tanto daño ha hecho a nuestras expectativas y al futuro de una generación.

Peor aún es la ruptura de los que son vistos como 'La izquierda verdadera', dicen ser los de abajo y en realidad son los niños mimados de atrás, los nostálgicos de antes de 1956 cuando la política de reconciliación del PCE: es el enfado y la frustración hecho voto como en Francia lo es el Frente Nacional: eurofobia, hegemonía low-cost y un discurso de panteras negras sin negros no son ingredientes para encarar el futuro con demasiado optimismo aunque sí para mirar al pasado con ganas de revancha, ignorancia y pelea. No podemos obviar que hay un buen número de españoles que respaldan este proyecto -y tienen sus motivos- pero haríamos mal en no recordar que no hay ruptura que no sea traumática y que además de lo malo también se pierde lo bueno cuando se tira por el sumidero el agua sucia del barreño con niño dentro.





Por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español (Partido Comunista de España, Junio de 1956).

Es desconcertante el interés en hacer una nueva transición. Es cierto que es un poco menos desasosegante (y anacrónico) que repetir a Lenin o la II república pero lo cierto es que no hay ninguna dictadura desde la que transitar: deberíamos aprender de los errores y entender la clave más enjundiosa, gris y Poppera de aquellos éxitos -que alguno hubo- en lugar de tratar de copiar poperamente aciertos mixtificados por el pensamiento whig. La transición, como la infancia, es un tiempo que ya pasó sin remedio, no se debe mirar hacia atrás para legitimarse.

El éxito de la telepolítica y de los slogan fast food para consumo en Facebook, Twitter, WhatsApp o como tapa rancia que acompaña una cerveza no suponen un buen caldo de cultivo, la política de masas ha traído lo mejor y lo peor de la historia reciente de occidente, me parece demasiado ingenuo -incluso para los eternos adolescentes que somos- creer que el consumismo político en los tiempos de la obsolescencia deliberada e indiscutida vaya a traernos más virtud que dolor.


2 comentarios:

  1. Vergüenza que a estas alturas aún no se haya alcanzado un pacto político que nos saque de la ruina. Este país es de pandereta.

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  2. Como dice el comentario de arriba "este país es de pandereta". Es irracional que aún con la que nos está cayendo encima los políticos de este país no hayan hecho nada por solucionar el rupturismo que hay entre partidos.

    Mientras, pagando justos por pecadores; ellos preocupándose de salir bien en la foto, y nosotros por sacar una familia adelante. Lamentable. Aquí hay algo que no funciona y no es justo.

    Buen post, gracias por compartir.

    Saludos

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