jueves, 10 de noviembre de 2016

El cielo, las ideologías y el precio de los garbanzos

Sedimentando mis reflexiones sobre los últimos resultados electorales y pensando en paralelo sobre la división de la izquierda y la postración de la derecha emitía esta mañana en mi paseo de vuelta a casa unos tuits que mi amigo Miguel Ángel Quintana Paz me pidió empaquetar, aquí los vierto encadenados como si fuesen éxitos de M-80 o un lisérgico discurso de Rufián en sede parlamentaria. Cualquiera de los tuits desarrollado da para un artículo y todos ellos para una reflexión más larga sobre qué es ser progresista y liberal hoy, de momento aquí os dejo mi telegrama para después de una victoria de Trump contra la exquisita Clinton.





















A la izquierda exquisita hace mucho que le aburre el bienestar de los trabajadores y su agenda se centra en el ornitorrinco asiático* y así.


A la izquierda arcaica y embrutecedora le mueve antes el odio al capital y Occidente que cualquier otra cosa.

Es lógico que la izquierda exquisita y la embrutecedora sean agua y aceite y ambas ajenas al ciudadano (excepto en sus fobias comunes).

La izquierda embrutecedora da miedo y la exquisita risa pero tanto unos como otros están encantados de haberse conocido.

Ojalá el progresismo se abrace a su madre: el pensamiento liberal, y abandone la tiranía de la soberbia o la corrección política extrema.














Debemos ser firmes con los valores de la corrección política pero aún más con el respeto de las minorías.

La derecha europea renunció a producir ideología propia hace décadas, adopta la de la Izquierda exquisita con un retardo de lustros.


¿Va a ser la globalización un raro paréntesis que estamos cerrando ya?








*Selecciono a propósito un animal exótico y un continente lejano ya que la furia de la corrección política aconseja no decir ni ¡mu!, ya que es muy probable que si les nombras directamente en vez de facha pases a ser un puto facha (e incluso con distinción de mierda).

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