lunes, 9 de enero de 2017

El escozor de la proximidad

Pablistas y errejonistas, sanchistas y susanistas, estalinistas y trotskistas y tantos y tantos otros se empeñan en dar la razón a Churchill, Adenauer y Andreotti sobre la naturaleza fraterna, en el sentido de Caín y Abel, de las relaciones entre camaradas, colegas y conmilitones.  

La competición democrática y la lucha por el poder cuando tienen éxito se rigen por comportamientos completamente antagónicos, mientras que la suma de mayorías requiere atraer al diferente y mezclarse con él, la conquista y conservación del poder precisan justo lo contrario; exagerar las diferencias, purgar al rival (compañero) y mostrar sobreactuadamente cuánto daña el herético (o el líder) a las esencias y posibilidades de una comunidad sea ésta un partido político, un régimen totalitario, una disciplina del conocimiento o una forma de entender el arte de cúchares (sea aquíleo como Tomás, o de verónicas pintureras como Morante).


Media verónica de Morante en la Maestranza (Sevilla).






¿Por qué nos molesta más si cabe una pequeña diferencia de los más cercanos? quizá porque aspiramos a todo y vemos fines donde solo hay herramientas, quizá porque el sectarismo es un comportamiento más primario y presente que la generosa cesión estratégica y racional, o porque no entendemos las ventajas de la colaboración y nos gusta más el maniqueísmo que a Pablo Iglesias una cámara (aunque le capture abrazado a un leño que parezca la profética calavera de Errejón Yorick). 

Ser un vero antisistema neocomunista hace ver como peor que sospechoso de quintacolumnismo a los anticapitalistas que son sólo populistas, ser socialista del no es no y estar dispuesto a cambalachear la pertenencia al € o, peor aún, que el grado de cohesión social dependa de la pertenencia a un territorio hace que uno sea visto como un peligro para la continuidad del PSOE.

La honestidad intelectual sólo permite ir en pos de la verdad a contracorriente, y eso viene unido indefectiblemente al espíritu crítico como brújula que no nos permita perdernos en nuestras propias inercias, algo que Javier Hernández Iglesias expresaba en un tuit que recojo abajo y que queda listo para cincelarse en mármol. Siendo esa la actitud idónea a para las ideas y el acuerdo democrático no lo es en absoluto para la disputa del poder y quizá explique al menos en parte los rotundos y reiterados fracasos de los intelectuales como políticos, los atajos ideológicos son el antónimo del espíritu crítico.

La acción política necesita tanto competir democráticamente como el descarnado ejercicio de la lucha por el poder y para ambas cosas se precisa liturgia y teatralidad, pero sería más que deseable que a diferencia de lo que sucede en estos groseros días de Sálvame Político televisado y tuiteado, ni espectadores, ni actores adoptaran el método hasta el extremo de Moliere en el Enfermo imaginario


El espíritu crítico en un tuit.












Aunque más que nunca se precisa del liberalismo para alumbrar un nuevo tiempo para después de una crisis decirse liberal es una estrategia indudablemente perdedora a corto plazo en España; populistas, neocomunistas y fascistas describen como neoliberales a todos los demás, entre socialistas es sinónimo de apestado (en el PP de Rajoy no es muy distinto) y en general en la lucha interna de los partidos* el liberal tiene tantas opciones de supervivencia como el gordito con gafas pasados los primeros minutos de una peli de terror. 

Entre liberales pese a la enorme hostilidad externa de la polarización hay fricciones, filias y fobias que pueden originar o que originan facciones. Ilustraré con una anécdota lo que digo y distinguiré dos puntos de desencuentro: la corrección política en el que se inserta lo que cuento en mi anécdota y el viejo e inútil pulso entre liberalismo político y económico, vamos con la anécdota y dejemos para el siguiente párrafo las categorías: pese a que presumamos de racionalismo he participado en debates con compañeros que producen los mejores textos de nuestra generación donde se han tomado decisiones atendiendo a simpatías animalistas ¡cuando trabajábamos sobre Estado y bien común! 

Otro tanto ocurre con el entusiasta auge de la incorrección política, algunos han creído errónea o perversamente que es buena idea compensar los indiscutibles errores y excesos del cosmopaletismo, la masculinifobia, la animalocracia, el pachamamismo o el supremacismo de las llamadas minorías étnicas, con unas gotas de machismo, crueldad, nula conciencia ecológica o racismo. No, este pensamiento homeopático es una aberración inaceptable, la suma de errores nos hace peores y los del segundo tipo abyectos, no cabe usar dosis tóxicas para corregirnos. Perseguir lo correcto debe ser innegociable y para ello debemos desterrar los usos bastardos de la corrección y no cejar en la actitud que pretende erradicar las injusticias por más que esto sea un ideal inalcanzable en su totalidad pero donde logramos indiscutibles avances en las últimas décadas. Sobre la corrección, corrección e incorrección política también quiero rescatar un buen tuit de Miguel Ángel Quintana

Sobre la vieja y melancólica pelea entre liberalismo económico (conservador) y político (socialdemócrata) por ser quien porte la bandera del liberalismo pata negra es mejor no añadir nada salvo la extrañeza que produce ver como objeto de deseo una etiqueta que se parece a una prenda reflectante para pasear en una noche de principios de los noventa en Sarajevo. 

Lo correcto y lo políticamente incorrecto en un tuit.













Pese a que decirse liberal es una mala estrategia, España va a ser gobernada por un largo periodo atendiendo a principios liberales de tolerancia, justicia y libertad, éste y no otro es el mayor mínimo común denominador posible, los paraísos identitarios nacionalistas o anticapitalitas (de clase) cuentan con un indiscutible volumen de apoyos y una cantidad aún mayor de quienes rechazamos con todas nuestras fuerzas esos caminos a Waco incendiado. Cuanto mayor es el apoyo a los rupturistas más crece el rechazo mayoritario.

El que suma gana y lo administra el que resiste, Rajoy lo ejemplifica hoy al acoger del modo más creíble a todos los que rechazan** el populismo y el secesionismo, a casi nadie le debería extrañar que en España esa y no otra sea la estrategia ganadora. Rajoy no satisface a los suyos, tampoco lo necesita, no tiene todavía (quizá por poco tiempo) quien le discuta su posición desde la proximidad quienes podrían hacerlo estaban en sus propios asuntos o no han sido capaces de salir aún de la caverna del Tinell.









* Fui militante de UPyD y sé de lo que hablo, pese a ser un partido con un manifiesto que bebe de lo mejor del liberalismo la vida interna del partido (presupongo que como los demás) se regía por un ortodoxo centralismo democrático.


 
* *Las coaliciones se definen en muchos casos de un modo negativo, la estrategia anti PP que le dio el éxito a R. Zapatero es un fracaso estando la izquierda dividida y subsumida en nacionalismo y neocomunismo, esta posición es débil, insuficiente y afortunadamente fortalece al PP aunque lamentablemente sin necesidad de méritos propios.

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